miércoles, 29 de septiembre de 2010

Sueños inventados.

Si, como si de un cuento infantil se tratara, un genio se me apareciera al frotar una lámpara (tiendo a no bruñir mi plata, así que asumo que esto nunca sucederá. Sobre todo porque no tengo una lámpara de plata...) y me concediera 3 deseos, uno de ellos sería sin lugar a duda algo tan a priori sencillo como DORMIR BIEN.

Conciliar el sueño con facilidad al acostarse es algo que se presupone, como hacer la digestión tras haber comido. Sin embargo, cada noche, cuando llega el momento del descanso, yo entro en un estado de ansiedad inevitable, consciente de que perderé media noche intentando relajarme, dejar la mente en blanco y caer en brazos de Morfeo.

No funcionan los somníferos, ni los relajantes, ni las duchas antes de acostarme, ni las infusiones, ni la acupuntura, ni el estar agotada, ni beber unas copitas de vino... En el mejor de los casos, tardo al menos una hora en caer dormida, y luego duermo a intervalos de 20 o 30 minutos, hasta que finalmente amanece... En el peor de ellos, paso noches enteras en blanco, noches en las que el reloj parece detenerse y cuando finalmente me levanto, me siento tan cansada que si, con suerte, no tengo mucho que hacer, vuelvo a la cama y también pierdo la mañana.

Soy una insomne escritora virtual. Cada noche, desde niña, me narro cuentos a mí misma. Antaño eran historias de hadas, de magia, de cómo una niña no del todo integrada superaba dificultades, o de niños con enfermedades incurables (o, ¿qué creíais? ¿Que la reina del drama nacio ayer?). Al ir creciendo me convertí en la única protagonista de mis fantasías no escritas. Fui protagonista de películas que me ubicaban en una vida mejor, llena de éxitos, más emocionante que la que me tocaba vivir. Me inventé una existencia lejana, y al mismo tiempo cercana, puesto que seguía siendo yo, una versión de mí mejorada, más fuerte, más poderosa, más hábil.

Con el paso de los años, me he dado cuenta de que empiezo a necesitar un tono diferente en las narraciones. La realidad suele superar lo que era la ficción de mis historias, y mis, la mayor parte de las veces, torpes vivencias, suelen resultar incluso un poquito demasiado emocionantes. Ahora necesito contarme que todo es más fácil de lo que voy a encontrar al levantarme en unas horas, que no voy a encontrar raíces en el suelo que me hagan tropezar a cada paso. Mis deseos son sencillos y distan mucho de la magia que inventaba antaño.

Con suerte, a lo largo de la noche, acabo cayendo dormida y pago el exceso de ejercicio mental con los sueños más agitados. Y llega la luz del día y me despierto aletargada y siempre confundida. Durante algunos minutos tengo que discernir qué es lo real, lo que he soñado, y lo que me he contado a mi misma mientras esperaba al sueño... Y, sorprendentemente, mi verdad, mi día a día, suele ser la más extraña, extremista y surrealista de las tres opciones.

Desafortunadamente, mi falta de sueño me condiciona terriblemente. Ojalá pudiera invertir ese tiempo en escribir de verdad en vez de inventarme absurdas historias con los ojos cerrados, pero, estoy tan cansada... Y me pregunto si llegará el día en el que, al despertarme, no sepa distinguir lo que es real. Y por ello deseo, DESEO, que los sencillos cuentos que me invento para dormirme sustituyan en algún momento los malos sueños que vivo hoy en día, para que así no haya ninguna duda.

MAYA

2 comentarios:

  1. Realmente, tienes un problema. Yo sigo votando por el vinito. Si no te duerme, al menos pillas el puntillo... jeje. Y viajas a tu subconsciente consciente, ayudándote a escribir. Y te pones a escribir... :)

    Ya lo dijo el paisano:
    "Que el mayor bien es pequeño
    que toda la vida es sueño
    y los sueños, sueños son".

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  2. Como bien te dice mi querido "Anónimo", tienes un problema; y yo puntualizo: GRAVE.

    Ahora vamos a verlo desde otro punto de vista, lo que para todos nosotros (en especial en mí) es necesario dormir un determinado número de horas -yo, cuantas más mejor-, puede ser que tu mente no necesite tanto, y por eso te obliga a mantenerte despierta.

    Aprovecha ese tiempo maravilloso, en tareas como planchar, limpiar la casa, mantener tu granja del FB, etc. etc., es decir, lo que siempre "se nos atrasa", verás que bien te duermes al rato, jijiji.

    O si no, si esta idea no te parece tan genial como a mí, siempre puedes emplear ese momento, en escribir los relatos que por otro lado te cuentas a ti misma.

    Tengo claro que escribir te relaja, y ha quedado totalmente demostrado que tienes "mano" para hacerlo; usa este don y no te comas la cabeza mirando el reloj dentro de la cama.

    O si tampoco esta idea te seduce, ya sabes, siempre me tienes para echar el rato...

    Besos.

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