miércoles, 7 de agosto de 2013

Cartas de amor

          Hace tiempo que asumí que en mi vida nada sucede por casualidad. No sé quién escribe el argumento de mi vida, pero sus rocambolescos efectos de guión son dignos de, yo no diría de una gran película, pero desde luego sí de un culebrón de esos de tarde, que ya de paso podría protagonizar Asier Etxeandía...

        En mi entorno se comenta que me pasan "cosas muy raras". Ha llegado un momento en que yo ya lo considero todo normal, o al menos, dentro de la normalidad de mis vivencias. Anoche sucedió una de esos extraños eventos que de pronto me paralizan, luego me revuelven las entrañas, para finalmente convertirse en una de tantas anécdotas. Esta vez, por qué no, voy a compartila con vosotros.

        Hace unos días, en una maravillosa reunión de amigos, por motivos que no vienen al caso, acabamos hablando de cartas de amor. Yo no he tenido la suerte de recibir muchas -a pesar de que yo las he escrito a cientos- y por eso atesoro cada una de ellas, porque aunque las personas que las escribieron ya no formen parte de mi vida, al menos en la misma medida que entonces, sí siguen teniendo su lugar en mi corazón. Hacía mucho tiempo que no lo recordaba, y no creo haberlo compartido nunca con nadie, pero yo comenté que en cierta ocasión alguien me escribió una carta de amor con fragmentos de Rayuela, la novela de Julio Cortázar. Un comentario, sin más, de un hecho, sin más.

       Anoche, como cada noche, me encontraba en la cama leyendo. Era una delicia de libro, La Delicadeza, del que estaba disfrutando tanto que me encontraba completamente absorta en él. El argumento del libro se desarrolla en los capítulos pares, mientras que los impares son, simplemente, una cita de otro autor, una reflexión, unas simples palabras. El penúltimo episodio se presentó ante mis ojos, e, inmersa en la lectura, de pronto, tuve que retroceder unas líneas para descubrir, absolutamente sorprendida, que yo conocía aquellas palabras...

          Salté como un resorte de mi cama a buscar entre mis cajas de recuerdos. No tardé más que unos minutos en encontrar lo que buscaba, y allí estaba... Ocho años después aquella letra familiar se hizo dueña de la noche.


        De pronto me convertí en un mar de lágrimas. No podría explicar por qué lloraba. Quizá me pudo la nostalgia, la emoción, me sobrepasaron las casualidades... Lo cierto es que me dio por pensar en la vida, en los amores perdidos, en las cartas de amor que ya no significan nada, en las personas que estuvieron a mi lado y a las que no les importé tanto como para quedarse...

        El otro día comentaba con un amigo que tengo la inmensa suerte de sentirme profundamente amada, y ese AMOR hace que no sienta el vacío de no tener pareja. Me costó mucho recomponer mi corazón la última vez que se rompió. Sinceramente, yo creo que no logré repararlo del todo y me quedó alguna tara que me ha convertido en una persona un tanto descreída y desengañada, no resentida, pero sí desconfiada, y me siento segura en mi falsa soledad. Falsa, porque nunca me falta un abrazo, un cariño, una palabra bonita...

        Pues os confieso, amigos, lectores, desconocidos, os confieso sin vergüenza, que anoche, durante 5 minutos, me hubiera hecho inmensamente feliz que a mi lado hubiera habido alguien enjuagando mis lágrimas... La perfección sería que hubiera sido Asier Etxeandía, heterosexual y sin pareja... Eran las 3 de la mañana y soñar es gratis, queridos...

       Pero me desperté esta mañana y ya no había lágrimas, tan sólo una más de mis historias curiosas, porque, ¿a cuántos de vosotros os han escrito una carta con fragmentos de Rayuela? ¿Cuántos se lo habéis contado a alguien hace tres días? ¿Y cuántos habéis leído un libro francés que se titula La Delicadeza? Ya veis, alguien juega al billar con mis vivencias y siempre hace carambola.

         Por cierto, también recordé al despertarme los millones de abrazos que me dieron este fin de semana y un hermoso mensaje que recibí cuando acabó, así que, tranquilos, seguiré firme en mi falsa soledad, aunque quizá, solo quizá, algún día desee de nuevo una carta de amor.

MAYA

         Para Polizón, cuyos abrazos me llenan de paz infinita.

4 comentarios:

  1. Bonita carta...bonita tú!!!!! Rayuela... Raya la locura de las coincidencias pero esque no puede ser de otea forma ni manera cuando los microcosmos que estamos en tu gran universo pues son especiales jejeje... Qué carta de amor infinito te escribirè maya!! Cher

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  2. Las cartas de amor son esas obras de nuestra colección privada de recuerdos tangibles, evocadores, duales y partidarios que, una vez y para siempre, el artista que desbordaba todos nuestros sentimientos creó para nosotros. (Qué bonito tenerlas, qué bonito haber amado y haberlo sido).

    Dos días, los de este fin de semana, llenos de momentos tan buenos como la compañía. Querer es un verbo que por mucho que ejercites nunca producirá agujetas... aunque sí adicción.

    Te quiero (hasta el techo).
    Los besos no se gastan... y los abrazos tampoco (... y, ya sabes, eternamente...).

    (GRACIAS Maya. Mi semana está siendo bastante difícil, y leerte, sentirte cerca, me levanta y me da fuerzas)

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  3. Buenas noches. Me alegro q de este finde haya surgido otro texto maravilloso d Maya. Y sí, en tu vida, nada sucede por casualidad. Nunca te sientas sola pq no lo estás. Y si alguna vez lo sientes montaremos el hotel para tu "miniyo" y sus amigas y ya nunca más te sentirás sóla. Te quiero/Te queremos.

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  4. Querida Maya:
    Con los tiempos que corren es un lujo recibir una carta, que además sea de amor...es casi un milagro. A pesar de todo hay que seguir creyendo en los milagros...así que estoy segura de que aumentarás tu colección de cartas de amor. Eso sí, el remitente no será Asier...lo siento, mi milagro no da para tanto.
    Mientras tanto, sigue disfrutando de tu falsa soledad. Ahí te aguardan achuchones, Besotes y babitas a raudales.
    Desde mi cielo, tu Nube.

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